MI SENTIDO ATLANTISTA

 

Imagen: Atlante FC


Hablar y escribir del Atlante, es mostrar parte de mis aficiones y convicciones a lo largo de mi existencia. Si bien, elegir un deporte y elegir un equipo conlleva a esas decisiones libres que nos permitimos en la infancia, quizá es ahí donde se abraza la decisión más pura, se vuelve práctico, identitario y hasta formativo entender y comprender variados aspectos que se perfilan con la decisión tomada.

Elegir equipo se convierte en la más autónoma de decisiones en la infancia. Donde todo lo demás siempre es guiado por un adulto. Es donde se defiende el porque y aunque sea conocedor o no, los colores, la mística, la energía vibratoria hacen una especie de llamado hasta integrarlo como sentido de pertenecía.

Corría el año de 1993, tenía ocho años, en meses cumpliría los nueve. Mi padre me mostraba su gusto por el deporte, sobre todo el beisbol quien lo jugó. Él fue seguidor de los Cafeteros de Córdoba y el Águila de Veracruz me influía mucho el agrado hacia dicho deporte, sin embargo, no conectaba con él. También, como gustoso del futbol, me aconsejaba irle a al Cruz Azul y a los Tiburones Rojos del Veracruz o en el peor de los casos, a las Chivas de Guadalajara o a los Pumas de la UNAM. Sin embargo y a pesar de sus intentos, no logró convencer mi corazón.

En la televisión veía los partidos de futbol y la lucha libre, eran los primeros años de la década de los 90´s. , siempre fue muy divertido ver juntos los partidos. En uno de los partidos programados me tocó ver un partido donde el juego me enganchó, más allá del juego, fue la dinámica de un equipo en su manera de jugar la que me llamó la atención. Su playera era de rayas colores azul y rojo, apellidos como Cantú, Herrera, Guzmán, Salvador, Cruz, se quedaban gravados en mi memoria.

Ese equipo que me hizo adentrarme en el universo futbolero es el Atlante. Miraba los resúmenes deportivos y causó cada vez más mi gusto y agrado no solo al futbol, sino al club. Desde ahí decidí ser Atlantista, Azulgrana. Ese año el equipo logró su segundo campeonato de la historia. El contundente resultado en la final contra el Monterrey sembró en mi ser la semilla de jamás dejar de irle al Atlante, al equipo del pueblo.




A través del tiempo fui empapándome de sus orígenes, su historia, los jugadores que han posicionado al club como uno de los más antiguos y tradicionales del futbol mexicano además de conectar con los valores de sus seguidores. Aficionados de todo estrato social, con valores de esfuerzo, del aprendizaje constante en las derrotas (tanto futboleras como de vida) así como de las victorias. A reconstruirse y redefinirse. Atlante me proporcionó la visión que necesitaba en la vida.

Jugué futbol lo que restaba de mi niñez y adolescencia, miré al futbol como ese universo de tantas situaciones que no están alejadas del ser humano y encontré grandes escritores que hablaban de ello. Hoy en día, es un deporte que sigo, que amo y que me otorga respuestas a aquellos planteamientos de la vida diaria.

Ser Atlantista no es algo sencillo. Ante la oleada de tendencias y modas donde los clubes más populares aglomeran seguidores, el Atlantista posee una visión mucho más apegada a lo familiar, a lo lúdico, a lo fraternal, es diferente la sensación y eso se palpa en los aficionados, en exfutbolistas, en futbolistas en activo, en entrenadores y gente que le va al Atlante.

En Abril, mi amado Atlante (como suelo decirlo), cumple 110 años de haber sido fundado. Me llena de mucha alegría que siga vigente, que siga trotando el Potro en las canchas mexicanas. Que he sentido la pérdida de la categoría en el descenso del 2014, que le he seguido en la división de expansión, que se apoya al actual propietario con toda la innovación para que la institución perdure, que he celebrado sus tres títulos de Expansión y el Campeón de Campeones de la Categoría y que me llena de felicidad y esperanza que regresa a Primera División en la próxima temporada.

Mi sentido Atlantista sigue aquí y le apoyaré siempre. Les guste o no les guste, les cuadre o no les cuadre. El Atlante es su padre y si no ¡ch…. a su m…. ¡ Felicidades por estos 110 Años de Historia.

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